Ser o no ser (un dinosaurio) esa es la cuestión

Vivimos instalados en el coronavirus desde hace muchas semanas. Y un mantra recurrente en este tiempo es reivindicar el valor y el papel de la ciencia en nuestro mundo. Lógico, solemos acordarnos de lo mal que tratamos a alguien cuando de pronto más lo necesitamos. No voy a reivindicar aquí que todos debamos saber mucho de ciencia (inasumible e innecesario), pero si poner el dedo en la llaga de lo muy poco que sabemos la mayoría. Hoy no hablaremos aquí de la COVID-19 (ufff, que suerte, dirán algunos). Hoy hablaremos de Elessaurus gondwanoccidens. O mejor dicho, hablaremos de lo que no es. Y para empezar les plantearé un pequeño reto…

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Cuatro crisis y una bacteria

La historia de la humanidad es una sucesión encadenada de períodos de crisis. Así como suena. Es difícil encontrar un período de tiempo relativamente largo que no las haya vivido (o sufrido). Guerras (las más de las veces), cataclismos (muchos), revoluciones (famosas), pandemias (unas cuentas), cracks económicos (más de los que parecen). Y así una tras otra hemos ido avanzando y construyendo el mundo en el que vivimos. Ingenuos somos si pensábamos que tarde o temprano no nos iba a tocar alguna.

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¿Por qué las llamamos Fake News cuando deberíamos llamarlas mentiras?

Los anglicismos están sobrevalorados. También el lenguaje ‘políticamente correcto’. Eufemismos se les ha llamado toda la vida. Es decir palabras más decorosas que empleamos para no usar otras más crudas, groseras o que simplemente se han vuelto socialmente incómodas. Curiosa contradicción la de una sociedad donde (supuestamente) cada vez hay mayores libertades, y donde cada vez (aparentemente) nos cuesta más llamar a las cosas por su nombre.

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