Fotos con historia: Abrigar a los glaciares para que pasen frío

Una pareja de esquiadores de fondo cruza el hermoso glaciar del Ródano (Rhonegletscher), en el cantón suizo de Valais. La escena no tendría nada de extraño sino fuera por la extraña textura de parte de la nieve que aparece en la imagen. Si nos fijamos bien descubriremos con sorpresa que no es nieve ni hielo lo que vemos sino… ¡¡mantas!! Alguien podría pensar que se trata de una ‘performance’ de algún artista innovador. Tal vez una campaña de publicidad de algún fabricante de ropa de cama. O un simple modo de cubrir los decorados del próximo episodio de Star Wars. Nada más lejos de la realidad. Es uno de los curiosos (o desesperados) métodos que los suizos están empleando para tratar de salvar a sus glaciares.

A estas alturas dudar de las evidencias del cambio climático es simplemente cerrar los ojos a una realidad incontestable. Y las grandes masas de hielo son una de las víctimas principales de este cambio. Se trata de uno de los entornos donde este proceso más claramente se manifiesta. Cambio climático, calentamiento global, deshielo. Es una secuencia fácil de entender y fácil de verificar. Junto al Artico y la Antártida, los glaciares de alta montaña viven un momento crítico de su existencia.

La edad del deshielo

Un reciente estudio en Nature Climate Change certificaba que el deshielo de los glaciares era el efecto más evidente del calentamiento planetario global. Calentamiento derivado de la acumulación en la atmósfera de los gases de efecto invernadero de origen humano. El estudio vaticinaba una reducción a medio plazo del volumen de glaciares del mundo en un 36%. Otro estudio al respecto calculaba que cada kilo de CO2 que emitimos a la atmósfera es responsable directo de la desaparición a largo plazo de unos 15kg de hielo glaciar. Y todos estos datos serán válidos en la medida en que la temperatura media del planeta no siga aumentando. La Organización Mundial de Meteorología ha establecido que desde 1850 esa temperatura ha aumentado en 1,1º. De superarse el umbral de los 1,5-2º las consecuencias podrían ser catastróficas.

Los Alpes son uno de esos sitios donde este proceso puede verse a simple vista. Sus altas cumbres con hielos perpetuos en pleno corazón de Europa han sido escenario de toda suerte de historias, leyendas y aventuras. Los estudios sobre su futuro no pueden ser más descorazonadores. Unos simples datos de muestra nos servirán. Los glaciares de los Alpes franceses perdieron un 11% de su superficie entre 1986-2003 y un 25% entre 2003-2015. Los glaciares suizos han perdido una media de 10 metros de espesor en la última década. El glaciar del Ródano (el protagonista de la foto de portada) ha menguado, desde 1856, 1,4km de longitud y 350 metros de espesor (40 de ellos en la última década). No hace falta decir nada más.

A grandes males remedios curiosos

Hace ya 8 años Suiza decidió implantar una política activa de protección de sus glaciares más emblemáticos. Como en tantas ocasiones un factor ‘económico’ facilitó el camino. No olvidemos que sus glaciares y cumbres son el principal atractivo turístico del país. Y sin ellos no hay visitantes. Los expertos plantearon varias soluciones (por no llamarlas parches) y se pusieron manos a la obra. Ya que los suizos somos pocos y no podemos cambiar el mundo, ¿que podemos hacer para que el mundo no cambie nuestros glaciares? ¡¡Pongámosles unas mantas!!

La idea era muy simple. Cubrir con mantas blancas las superficies más vulnerables de un glaciar para evitar el deshielo estacional. Las mantas (o lonas) están fabricadas con lana y cubren los glaciares desde la primavera hasta el otoño. Su efecto es doble. Por un lado su color blanco refleja una parte significativa de la radiación solar. Por otro lado aisla térmicamente al hielo y facilita su conservación. Algunos especialistas han puesto en duda la efectividad de la medida, sobretodo a largo plazo. La consideran más cosmética y mediática que viable. Sin embargo los expertos que lideran la iniciativa aseguran que con ella han conseguido reducir en un 70% el deshielo de los glaciares protegidos.

El pasado año el Gobierno suizo aprobó un estudio para implementar una segunda solución al problema. Pasaría por instalar cañones de nieve artificial en algunos de los glaciares más amenazados. La idea es similar a la de las mantas, pero con nieve. Generar una capa protectora superficial que ayudara a reflejar la luz solar y aislara térmicamente al hielo. La tecnología está disponible (la misma que se usa en las estaciones de esquí) y el agua también (la propia del deshielo estacional). ¿El problema? Sólo para aplicarla a un glaciar de tipo medio se necesitarían del orden de 5.000 cañones o máquinas productoras de nieve.

 


El glaciar Grindelwald (Suiza) retrocedió 200 metros en 34 años (1973-2007)
y 1,9km en apenas 8 años (2007-2015)

 

The winter is (not) coming

Lamentablemente, como vemos, ambas medidas son aplicables sólo a glaciares pequeños o a zonas concretas de algunos de ellos. Resulta por ahora técnica y económicamente inviable aplicar estas medidas a los grandes glaciares. En todo caso, y en eso coinciden casi todos los expertos, se trata de soluciones de circunstancia. Con ello sólo se logrará minimizar o retrasar un proceso irremediable. Estamos poniendo parches locales a un mal sistémico de carácter global. Y las soluciones, si queremos encontrarlas y aplicarlas, deberán plantearse a escala planetaria. Ese es nuestro reto más importante.

Si los pueblos del Norte vivieran en nuestra Tierra tendrían un futuro incierto. Los sufridos Stark y compañía podrían montar un ‘outlet’ de abrigos de pieles. Y renovar su vestuario con coloridas bermudas y playeras para adaptarse a los nuevos tiempos. No se rían. La comparación puede resultar graciosa, pero se acerca mucho a nuestra realidad. The winter is (not) coming.

 

Crédito de la fotografía de portada

El glaciar del Ródano, cerca del Furkapass, Suiza, cubierto de mantas térmicas para evitar el deshielo provocado por las altas temperaturas (Urs Flueeler, 2018)

 

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