Bienvenidos a la extinción o cómo ver arder la Biblioteca de Alejandría

Hace apenas dos meses murió Sudán. Era el último macho de rinoceronte blanco del norte que quedaba en el mundo. Sólo le sobreviven dos hembras: una hija y una nieta. Ambas viven en la reserva keniata de Ol Pejena, vigiladas las 24 horas del día por guardas armados. ¿Y el resto de los miembros de esta subespecie de rinoceronte? Progresivamente abatidos en las últimas décadas por cazadores furtivos. Exterminados al amparo de una estúpida creencia que atribuye poderes sanadores a sus cuernos. Es 23 de mayo de 2018. Bienvenidos a la extinción en directo.

Rastreando la extinción vía RSS

Durante los últimos 30 días he realizado un pequeño ejercicio de rastreo informativo. Sin profundizar en exceso, limitándome únicamente a los medios más generalistas, he seguido todas las noticias relacionadas con el estado de la biodiversidad planetaria. El reto era visualizar qué ocurre, o qué nos llega, del estado de salud de nuestro mundo salvaje. Disponer de algo parecido a un ‘termómetro mediático de la biodiversidad’. Este sería el balance resumido de esos 30 últimos días… ¡abróchense los cinturones!

  • El 40% de las 11.000 especies de aves del planeta están en declive y 1 de cada 8 en riesgo de extinción (SEO/BirdLife Internacional).
  • Detectan por primera vez delfines mulares en el Pacífico Norte empujados por el calentamiento oceánico (Marine Biodiversity Records).
  • El último recuento indica que sólo quedan 12 vaquitas marinas en el mundo acosadas por la pesca ilegal en la Baja California (Elephant Action League).
  • De las 18 especies de pingüínos que hay en el mundo, 10 se encuentran amenazadas y 5 en peligro de extinción (IUCN).
  • Australia encara una extinción masiva de mamíferos en las próximas dos décadas: 34 han desaparecido en los últimos 200 años y otras 7 lo harán en los próximos 20 (Pacific Conservation Biology).
  • Las poblaciones de delfines de agua dulce del Amazonas están disminuyendo a un ritmo del 50% cada década (PLoS One).
  • Apenas quedan 800 ejemplares del recién descubierto orangután de Tapanuli y su futuro es inviable si sale adelante un nuevo proyecto hidráulico en Sumatra (Current Biology).
  • Carrera a contra reloj para secuenciar el genoma del solenodonte (curioso mamífero de la isla La Española) antes de su probable extinción (Universidad de Puerto Rico).
  • Un parásito ha acabado con el 90% de la población de nacras (una especie de mejillón gigante) en todo el Mediterráneo occidental (UICN).
  • Un incremento por encima de 1,5ºC en la temperatura media del planeta causaría una extinción catastrófica entre los insectos de muchas partes del mundo (Universidad de East Anglia).
  • La salamandra gigante de china (el anfibio más grande del mundo) se enfrenta a una inminente extinción debido a su demanda como ‘comida de lujo’ (Current Biology).
  • Desde el inicio de la civilización la biomasa de las plantas terrestres se ha reducido en un 50% a nivel planetario (Instituto de Ciencia Weizmann).

¡Por favor que alguien desconecte este RSS!

 

 

El termómetro mediático de la biodiversidad

El panorama es simplemente devastador. Insisto, se trata de informaciones aparecidas sólo en el último mes. Y sólo aquellas que por su carácter mediático han alcanzado el ‘honor’ de aparecer en la prensa diaria. Porque sus especies son populares (delfines, pingüínos), porque los números impresionan (biomasa planetaria, aves mundiales) o por pura proximidad (las nacras o el coral mediterráneo).

Sé que alguien podrá alegar que algunas de ellas tienen tintes tremendistas. O se basan en información insuficiente. Incluso que a veces es difícil prever la evolución de los ecosistemas vivos y su reacción ante el entorno. Pero nadie con un mínimo de criterio analítico puede negar que algo muy serio está ocurriendo. Multipliquen los ‘impactos’ enumerados arriba por 12 meses. Y la resultante por 10 años. Y la resultante por 10 décadas. Por si les interesa el resultado son 14.400. Obviamente ese número, como tal, no aporta nada objetivo. Pero sí esconde una realidad incontestable. La biosfera planetaria está cambiando a marchas forzadas, y no para bien.

La globalización de la naturaleza

Leía hace poco en algún lugar que hemos de empezar a aceptar que la naturaleza como concepto virgen ya no existe en nuestro planeta. Desde la más frondosa de las selvas hasta el más recóndito punto del océano tienen ya la impronta del ser humano. Nuestra expansión como especie ha llevado implícita la afectación absoluta de la biosfera planetaria. En algunos casos modificándola, entre otras perturbándola, reemplazándola o directamente destruyéndola.

Se trata de una realidad incontestable y sin marcha atrás posible. Cierto es que nunca, como hoy en día, la conciencia social acerca de la necesidad de preservar el entorno ha calado en la sociedad. Pero tan cierto como la imposibilidad de  regresar a un pasado que ha desaparecido. Nada será igual. Podremos preservar ecosistemas, o recuperarlos, pero no dejará de ser una obra artificial ajena al propio devenir natural. ¡Ojo! No vayan a pensar que no hay que hacerlo. Pero seamos sinceros con nosotros mismos, nunca serán lo que fueron.

La expansión de nuestra especie y de nuestras necesidades vitales ha convertido al planeta en poco más que una fábrica de recursos. La tecnología ha propiciado una globalización que también ha trascendido a lo natural. La deforestación, la homogeneización de cultivos o las especies invasoras son también ejemplos de fenómenos globales.

 

Hoy día somos nosotros, los seres humanos,
los culpables de que haya cada vez
más especies en peligro de extinción
(Jane Goodall)

 

La extinción en directo

Para bien o para mal las cifras acaban siendo siempre el mejor foco para iluminar un problema. La famosa sexta extinción no es un concepto filosófico o una simple hipótesis de trabajo. Tiene nombres, apellidos y cifras. Se llama Sudán. Se llama el 59% de los grandes mamíferos carnívoros y el 60% de los grandes herbívoros están amenazados a corto o medio plazo. Un estudio reciente (alarmista si quieren, pero sólo hasta que se cumpla) advierte que en 200 años el mayor mamífero terrestre podría ser la vaca. La población mundial de elefantes ha menguado un 80% en 10 años, la de jirafas un 40% en los últimos 30 años y la del rinoceronte un 95% en 100 años. Sólo una pequeña muestra.

Permítanme un pequeño ejercicio de prospección (arriesgado, lo sé, pero el futuro es de los que se mojan). La IUCN ha identificado 76 especies de mamíferos extinguidos en nuestro planeta en los últimos 500 años. Se calcula que hoy día hay unas 5.500 especies de mamíferos. Una simple regla de tres nos permite calcular que a este ritmo en unos 10.000 años (lo cual es un suspiro en términos geológicos) un 26% de los mamíferos podrían haber dejado de existir. Y en 20.000 años más de la mitad. Si eso no es una extinción masiva, llámenle como quieran. ¿Ocurrirá así? No lo sabemos. Lo que sabemos es que a fecha de hoy muy poco estamos haciendo a nivel global para frenar esta sangría.

 

Especies extintas desde 1500 y gravemente amenazadas actualmente (IUCN)

 

La biblioteca de Alejandría

Durante cuatro o cinco siglos la Biblioteca Real de Alejandría fue el epicentro de la cultura humana. Sus estancias albergaban la práctica totalidad del saber humano registrado. Cerca de un millón de libros y documentos daban cuenta de todos los campos del conocimiento. En fecha incierta, en algún momento o momentos del siglo III o IV, se perdió. Incendiada, o saqueada o expoliada. Gran parte de su contenido desapareció para siempre.

Algo o mucho de lo allí preservado se recuperó. Una parte sobrevivió. De otra parte había copias en otros lugares. Pero el resto desapareció para siempre. No sabemos siquiera si fue mucho o poco. Algo similar ocurre con nuestro entorno. Parte de él sobrevivirá. Otra parte desaparecerá ante nuestros ojos. Y aún otra lo hará sin que tal vez lleguemos a saber que existía. Ciertamente la historia de nuestro planeta es una secuencia de especies y entornos apareciendo y desapareciendo. Así es la vida y la evolución. La diferencia ahora es que estamos siendo nosotros los ejecutores de ese destino.

Cada especie que desaparece es un libro que se pulveriza y es arrastrado por el viento. Cada ecosistema que pierde una especie es una biblioteca que pasa a tener un hueco en alguna de sus estanterías. Podremos apretar los libros para disimular su ausencia. Incluso poner un libro parecido para disimular. Pero el libro que se fue, no regresará. Sudán no va a volver.

 

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