Cuando la extinción forma parte del negocio: la vaquita marina

Tal vez sea este uno de los casos más flagrantes de hipocresía humana o de lo que como especie somos capaces de hacer. La vaquita marina, el mamífero marino más pequeño del mundo, está a las puertas de su extinción. Y la culpa no es del cambio climático, ni de la contaminación, ni de ningún factor natural o biológico. Es simplemente fruto de la suma de la superstición, la avaricia y la dejadez humanas. La cuenta atrás para la vaquita corre inexorablemente y nada ahora mismo parece indicar que se vaya a detener.

La vaquita marina, también llamada cochito por los mexicanos, en una de las seis especies de marsopas existentes en el mundo. Se trata del mamífero marino más pequeño de la actualidad (apenas supera el metro cincuenta y los 50 kilos de peso). Es una especie endémica del conocido como Mar de Cortés (Golfo de California) en México. Durante mucho tiempo fue considerado un animal casi mítico, incluso por los pescadores de la zona. Su limitado hábitat y número, pero sobretodo su carácter esquivo hizo que hasta bien entrado el siglo XX no fuera posible confirmar su existencia e identificarla como especie propia. Animal pacífico y relativamente solitario su vida discurría sin alteraciones y sin amenazas graves en un entorno relativamente poco explotado.

 

 

Daños colaterales

Pero el destino de la vaquita cambió repentinamente. Y lo hizo a remolque de algo que sucedía a miles de kilómetros de su entorno. Para la medicina tradicional china la vejiga desecada de un pez llamado Totoaba pasó a ser considerada como un remedio medicinal de sumo valor. ¿Adivinan de dónde procedía la Totoaba? Correcto. Se trata de una especie también endémica del Mar de Cortés. Y por añadidura de tamaño muy parecido (hasta dos metros de longitud y 100 kilos de peso). Los pescadores de la zona se encontraron de pronto con un tesoro entre sus redes. En los momentos álgidos del comercio de la totoaba se llegaron a pagar en origen hasta 4.000 dólares el kilo de vejiga de dicho pez. Hasta 40.000 dólares por vejiga en el mercado final chino.

Rápidamente la totoaba fue rebautizada como la ‘cocaína del mar’ (los humanos siempre tan ingeniosos con los nombres). La sobrexplotación de la especie condujo rápidamente a un escenario nefasto: la totoaba al borde de la extinción. Y de rebote la vaquita marina junto a ella. Las pacíficas vaquitas quedaban atrapadas como moscas en las cada vez más numerosas redes que peinaban el Mar de Cortés. Eran muertes absurdas, innecesarias, arbitrarias. Lo que la doctrina Bush llamaría ‘daños colaterales’. Señalado de pronto por los biólogos y por las organizaciones conservacionistas, el gobierno mexicano se vio abocado a prohibir la pesca de la totoaba. La medida buscaba proteger tanto a la propia especie como a las vaquitas.

 


Comparativa entre una Totoaba y una Vaquita marina (CNN News)

 

Crónica de una muerte anunciada

Lamentablemente ya sabemos de la avaricia humana y sus consecuencias. La prohibición de la pesca para los habitantes de la región se tradujo en poco tiempo en una situación fuera de control. Los pescadores locales pasaron de ganar fortunas a no poder faenar y recibir a cambio unas limitadas ayudas estatales como compensación. Las mafias pasaron a la acción y pescadores ilegales, fuera de todo control, tomaron el relevo en el proceso de explotación de la totoaba. Y por añadidura de la vaquita, como ‘daño colateral’. En apenas 20 años (1997-2017) la vaquita pasó de tener una población aproximada de 600 ejemplares a quedar reducida a apenas 30. Los tímidos intentos gubernamentales por combatir a las mafias o por diseñar programas de conservación han sido rotundos fracasos.

La última estimación realizada por los biólogos habla de una población ahora mismo de apenas 12-15 ejemplares. Posiblemente sean más, ya sabemos que el mar siempre oculta parte de sus recursos. Pero lamentablemente la progresión no deja lugar a dudas. De seguir el actual ritmo, antes de 10 años la vaquita pasará a engrosar la lista de las especies que un día habitaron este planeta para pasar a formar parte del recuerdo. La propia UNESCO acaba de retrasar un año la declaración de la zona del Mar de Cortés como área protegida ‘en peligro’.

Por el camino la estúpida superstición de la medina tradicional china habrá sumado un trofeo más a su lista de víctimas (elefantes, rinocerontes y tantos otros). La avaricia de las mafias habrá añadido un buen fajo de billetes a sus nutridas cuentas bancarias. La inoperancia de un gobierno rodeado por la incapacidad y la corrupción sumará un punto más a su lamentable casillero de fracasos. Y la desidia y dejadez de la especie humana en general le permitirá seguir mirando hacia otro lado sin rubor. Duele decirlo pero todo parece indicar que estamos ante una nueva ‘crónica de una muerte anunciada’. Y esta no es sólo literaria.

 

Addenda

Para los que quieran conocer un poco más de esta tragedia biológica aquí les dejo tres enlaces a otros tantos documentales y reportajes periodísticos sobre la pesca de la totoaba y la situación de las vaquitas marinas:

Las otras redes que tienen atrapada a la vaquita marina (Noticias Televisa)
La vaquita marina (Ecomueve – Movimiento Tijuana)
La vaquita marina, el negocio de la extinción (CNN)

 

 

2 comentarios en “Cuando la extinción forma parte del negocio: la vaquita marina”

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