Del mapa de la Tierra Media al mapa de la Tierra antigua

La Tierra Media (El señor de los Anillos), las islas de Havnor y el archipiélago (Terramar), los continentes de Poniente y Essos (Juego de Tronos) o el mundo de Krynn (Dragonlance). Nombres exóticos y evocadores para tierras fantásticas. Geografías ficticias para dar cabida a historias creadas para hacernos soñar. Pero el dicho asegura que la realidad supera muchas veces a la ficción. Vaalbará, Kenorland, Nena, Rodinia, Pannotia… Nombres exóticos y evocadores para tierras reales. Una geografía real para dar cabida a historias perdidas en los anales geológicos de nuestro planeta.

Yo fantaseo, tú fantaseas, todos fantaseamos… y desde siempre

La fantasía es un género literario tan antiguo como el propio ser humano. Desde el instante en que el hombre tuvo capacidad de razonar muy posiblemente empezó a fantasear. Recorrer la historia escrita de la humanidad es descubrir que nuestra capacidad y necesidad por imaginar cosas irreales nos ha acompañado siempre. Somos unos empedernidos soñadores, reconozcámoslo. O simplemente necesitamos crear mundos paralelos donde las cosas sean distintas a nuestra realidad.

Todas las mitologías antiguas no son sino ejemplos evidentes de nuestra capacidad de fantasear. Desde el ‘Poema de Gilgamesh’ sumerio a las extraordinarias vidas de los dioses y héroes griegos, pasando por las mitologías egipcias, célticas o mesoamericanas. Dragones, gigantes, dioses, seres medio humanos medio animales, cíclopes, grifos… la lista sería interminable.

La literatura reemplazó en gran parte a la mitología en el imaginario popular. Las épicas obras de Homero, las novelas de caballería medievales o los cuentos fantasiosos de la cultura árabe tomaron el relevo a lo largo de los siglos. Hasta llegar al nacimiento de verdaderos géneros especializados: la literatura fantástica, el género de terror o la ciencia ficción.

 


El mapa de la Tierra Media (‘El Señor de los Anillos’, J.R.R.Tolkien)

 

Vamos a crear un mundo

Más allá de crear historias, personajes y criaturas, el género fantástico ha sido siempre proclive a construir escenarios y mundos. Lugares también imaginarios donde situar los acontecimientos. Entornos donde las historias a contar tuvieran un contexto, una razón de ser, un condicionante, un telón de fondo que las dotara de mayor realismo, credibilidad o dramatismo.

Las mitologías antiguas jugaban siempre con la dualidad dioses-humanos. Los unos habitantes de un etéreo mundo celeste (pensad en el Olimpo de los dioses griegos); los otros simples seres terrenales ocupantes del mundo que conocemos. En ocasiones los autores se sirvieron de nuestro propio mundo para ubicar sus narraciones. Las aventuras de Ulises o de los reyes y héroes griegos de La Ilíada homérica tenían al Mediterráneo que conocemos como escenario principal.

La lista sería interminable y en ella encontraríamos propuestas de todo tipo. Las historias medievales ambientadas en Avalon y Camelot, a caballo entre la realidad y mito. El ‘dantesco’ recorrido por los nueve círculos del Infierno, tan morales como físicos. O qué decir de la ciudad sumergida de R’Iyeh (donde habita la criatura Cthulhu) o los fantásticos escenarios del ‘Viaje al centro de la Tierra’ de Verne.

 

El país de las hadas contiene muchas cosas,
aparte de los elfos y los trafos,
y aparte de los enanos,
las brujas, los trolls, los gigantes o los dragones:
contienen los mares, el sol, la luna, el cielo y la tierra
y todas las cosas que en ella se encuentran:
árboles y pájaros, agua y piedra, vino y pan,
y nosotros mismos, hombres mortales (J.R.R.Tolkien)

 

Cartografiando la fantasía

La fantasía contemporánea nos aportó un plus de complejidad (y de belleza) al concepto de ‘escenarios’. La referencia a Tolkien y su Tierra Media en este sentido es ineludible. Ya no hablamos de simples entornos adaptados o modificados. Hablamos de mundos enteros creados. Continentes, mares, ríos, ciudades, culturas, imperios, faunas… nacidos de la imaginación de los autores. Y aparece así el subgénero de la ‘cartografía fantástica’ (lo reconozco, creo que este me lo acabo de inventar ahora mismo).

Los protagonistas de estas modernas historias de fantasía viven en mundos diseñados a su medida. Muchos de ellos, cierto, inspirados en lugares reales que todos podríamos identificar (asumamos que crear algo 100% nuevo es un reto casi imposible). Y así todos descubrimos que para salir de la Comarca y llegar a Mordor teníamos que cruzar las Montañas Nubladas, el bosque de Fangorn o las tierras de Rohan. O aprendimos a ubicar Invernalia al norte y Dorne al sur del continente de Poniente, y descubrir las ciudades de la bahía de los Esclavos o la inmensidad del Mar Dothraki. ¿Quién no ha tenido un libro de estos entre sus manos y lo primero que ha hecho ha sido ir a buscar los mapas para empezar a soñar?

Tal es la trascendencia de muchos de estas cartografías que incluso la ciencia ha hecho suyos algunos de estos nombres para rendirles homenaje. Todos los montes y colinas de Titán (la mayor luna de Saturno) tienen nombres de montañas y cordilleras de las obras de Tolkien. Mordor y La Comarca podrían acabar siendo lugares reales en Caronte (la luna mayor de Plutón). Y antes  cráteres marcianos o asteroides convirtieron en reales muchos de esos lugares que un día nacieron de la imaginación del hombre.

De la imaginación del hombre a la realidad de la geología

¿Y si ahora les hablara yo de Vaalbará? ¿O de Kenorland? ¿O de Pannotia? ¿Serían capaces de decirme a qué obra o autor pertenecen tan misteriosos lugares? Posiblemente muchos pensarán que pertenecen a alguna saga fantástica que no ha tenido aún tiempo de leer (suponiendo que le guste ese género y que disponga de muuuucho tiempo para leer tanto como se edita). Pues no.

Venga, les doy una pista. ¿Y si les hablo de Gondwana? ¿O de Pangea? Uyyy. Eso me suena. Quien más quien menos habrá oído alguna vez esos nombres. Eso de Pangea suena a dinosaurios y a continentes de hace muchos millones de años. ¡¡Bingo!! No hablamos de mundos de fantasía, sino de continentes que se pierden en los albores de la historia geológica de nuestra querida Tierra.

 


Las grandes placas tectónicas de nuestro planeta (Wikimedia)

 

Cartografiando el pasado

Nuestro mundo no es estático. Hace tiempo ya descubrimos que nuestros continentes ni siempre han sido como son ni siempre han estado donde están. Un señor llamado Alfred Wegener planteó en 1912 la teoría de la deriva de los continentes, que llevó con el paso de las décadas al desarrollo de la tectónica de placas.

En pocas palabras nuestros continentes se asientan sobre el manto terrestre, una capa de material sólido con una viscosidad que hace que se comporte como un líquido. Los continentes, por tanto, hacen algo parecido a ‘flotar’ sobre esa capa viscosa. Al hacerlo se mueven, se rompen y colisionan entre sí. Se trata de un proceso tremendamente lento, pero constante e ininterrumpido. Y si echamos la vista atrás (la geología nos permite hacerlo),muchos millones de años atrás, descubrimos que nuestro mundo tan familiar, ha cambiado mucho y muchas veces.

Y empezamos entonces a descubrir que nuestro propio planeta es una sucesión continua de cartografías en constante transformación. La geografía que conocemos hoy (o deberíamos conocer, toda vez que sigo sorprendiéndome de la inopia geográfica de mucha gente) es muy distinta a la de hace 50 millones de años. Todavía más distinta a la de hace 150 millones de años. Ni se imaginan la diferencia si vamos muchos más atrás.

 

La evolución de la paleogeografía terrestre a lo largo de 540 millones de años (Proyecto Paleomap)

 

Supercontinentes perdidos (y mucho más)

Hablar de Vaalbará, de Kenorland, de Nuna o de Pangea, es hablar de supercontinentes desaparecidos. De momentos de nuestro lejano pasado en que todas las masas terrestres de nuestro planeta, fruto de esos movimientos que contaba un poco más arriba, formaban un único continente. La geología nos ha permitido descubrirlos poco a poco. De algunos de ellos conocemos muchas cosas (cuanto más recientes más conocemos). De otros apenas tenemos nociones (cuanto más antiguos más difícil es saber de ellos).

Si descendemos un nivel  y de supercontinentes  pasamos a continentes, el abanico de tierras y nombres aumenta. Laurentia, Gondwana, Báltica, Laurasia, Armórica, Avalonia… Si fijamos nuestra atención en los mares descubriremos nombres tan evocadores como los océanos Tetis, Jápeto, Reico, o los mares Panonia, Sundance, Tornquist. Y podríamos seguir con cadenas montañosas o procesos orográficos.

Pero a diferencia de gran parte de las obras de la literatura fantástica (todas con un final más o menos cerrado), la obra de nuestro planeta sigue escribiéndose. Y lo seguirá haciendo durante cientos de millones de años (salvo que una catástrofe de escala galáctica se nos lleve por delante). Los mapas de nuestro mundo no valdrán dentro de 10, 100 o 250 millones de años. Nuevos continentes y océanos nacerán y morirán. Masas terrestres que conocemos pervivirán y otras desaparecerán para siempre. Es la historia viva del planeta que nos acoge.

Como ven, pues, la historia geológica de la Tierra es un pozo interminable de geografías perdidas, desconocidas para la inmensa mayoría. Prometo abrir una serie de posts en este blog al respecto. Viajar a ese pasado podría ser (y de hecho lo es en muchos casos) tan apasionante e inspirador como lo pueda ser recorrer los bosques de la Tierra Media. Con el permiso de Gandalf, por supuesto.

 

Addenda

Les propongo hoy como trabajo lúdico complementario a este post que busquen un momento y se diviertan visitando estos sites.

En primer lugar un par de páginas donde disfrutar viajando por los escenarios de las obras de J.R.R.Tolkien, acompañando a la Comunidad del Anillo a través de la Tierra Media (http://lotrproject.com/map/), pero también descubriendo como era el mundo de Arda a lo largo de las tres edades de su historia (http://arda-maps.org/).

¿Cómo? ¿Qué no son de ‘El Señor de los Anillos’? ¿Qué lo suyo es ‘Juego de Tronos’? Pues tranquilo, aquí tienen también un mapa del Mundo de Hielo y Fuego para pasar un buen rato descubriendo su geografía y sus personajes (https://quartermaester.info/)

Si en cambio creen que la fantasía nunca podrá superar a la realidad, el geólogo Christopher R.Scotese creó hace años el proyecto Paleomap (http://www.scotese.com/) donde encontrarán decenas de mapas geológicos, climáticos y animaciones para recorrer la historia de nuestro planeta desde hace 650 millones de años. Investiguen y encontrarán también cómo será nuestro planeta dentro de 250 millones de años.

 

Libros recomendados

Alfred Wegener. El origen de los continentes y océanos. Editorial Crítica. Barcelona, 2018. 400pp
Ron Redfern. Orígenes. La evolución de los continentes, los océanos y la vida en nuestro planeta. Editorial Paidós. Barcelona, 2008. 360pp

 

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