Del tsunami vírico al tsunami climático, y tiro porque me toca

En medio de la vorágine informativa sobre la pandemia de la COVID-19 una noticia ha pasado  casi inadvertida estos días en los medios. La trascendental COP 26 (Conferencia de las Naciones sobre el Cambio Climático) que debía celebrarse en Glasgow entre el 9 y 18 de noviembre de este año se ha pospuesto a noviembre de 2021. Si alguien tenía aún dudas al respecto,  la decisión deja claro el escaso entusiasmo que este asunto sigue despertando a ciertos niveles y a ciertos intereses.

Horas de conexiones en los medios, toneladas de páginas en la prensa, fotos y encuentros a diestro y siniestro. Todo era poco para poner en solfa el escaparate mediático que representaba la COP25 en Madrid hace apenas unos meses. Algo así como ‘vamos a montar la ceremonia de los Oscar de Hollywood’, pero en vez de hablar de películas lo hacemos de temperatura, niveles de CO2 y esas cosas raras de los científicos. Todo eran declaraciones grandilocuentes, compromisos cargados de retórica, objetivos pomposos. El típico soufflé político-mediático de estos tiempos.

Como ocurre tantas veces (en estos tiempos de puro tacticismo político y social) al final resulta que lo mejor es dejar los compromisos serios para la próxima reunión. Que la tendremos y, esa sí, será la buena (porque antes hay que acabar de perfilar bien las soluciones). Y así como quien no quiere ya tenemos la COP26 agendada (26 quiere decir que ya llevamos 25 casillas recorridas en este juego de la oca). Pero mira tú por dónde se nos aparece una pandemia y… como que nos tomamos un año sabático para no acabar saturados de tanta reunión (que ya tocaba).

De nada sirven propósitos y discusiones si al final no generan resultados

El final de la trascendencia generacional

Es obvio que vivimos un momento especialmente crítico de nuestra historia. Un brote vírico inédito y no controlado a tiempo convertido en una trágica pandemia mundial. Un tsunami que cruza el planeta dejando tras de sí cientos de miles de muertos. Un futuro socioeconómico y político a escala planetaria lleno de incertidumbres a corto plazo.  Hay que dar respuesta rápida y contundente a la crisis. Y hay que hacerlo porque (y siento la crudeza) no es sostenible ir contando afectados y muertos a millares cada día.

Pero no es menos cierto que también el cambio climático es un tsunami planetario de consecuencias ahora mismo incalculables. La misma OMS, que cuenta día a día las víctimas del coronavirus, cuantifica en cientos de miles las muertes anuales por el cambio climático. ¿Cómo? ¿Dónde están esos muertos? Son las personas muertas prematuramente por enfermedades derivadas de la contaminación y de los efectos de esta sobre el medio ambiente y el clima. Son las personas muertas por fenómenos meteorológicos catastróficos en lugares, épocas o dimensiones inhabituales hasta ahora. Son las personas muertas por sequías o inundaciones inauditas y sus posteriores consecuencias (hambrunas y enfermedades).

Y solo es un pequeño anticipo de lo que podría esperarnos en un futuro que está a la vuelta de la esquina. Subida del nivel del mar con inundaciones de zonas costeras (con millares de desplazados). Mayores niveles de gases tóxicos atmosféricos (aumento de enfermedades respiratorias). Reducción de los acuíferos a nivel global (sequías y conflictos por el agua). Calentamiento oceánico generalizado (cambio de la biodiversidad y las pesquerías). Calentamiento de zonas templadas (expansión de especies transmisoras de enfermedades tropicales). Muchos dirán que todo ello son conjeturas cargadas de muchas incertidumbres. Incertidumbres, sin duda, que la mayoría de científicos centran en el cuándo, pero no en el cómo y en el por qué. Eso lo tienen muy claro.

Y ese cuándo es el que está en nuestra mano determinar. Puede ser tan inmediato o tan lejano como seamos capaces de gestionarlo. Cada grado de aumento de la temperatura media del planeta nos acerca al borde de ese abismo. Contener ese ascenso (revertirlo parece ahora fuera de nuestro alcance) debe ser un objetivo planetario prioritario. Y las COP, con sus defectos, son por ahora el único foro donde somos capaces de sacar algunos compromisos tangibles. Pero el ser humano es notablemente obstinado. Como dijo Churchill (o al menos eso le atribuyen) ‘los hombres tropiezan ocasionalmente con la verdad, pero, la mayoría de ellos se levantan y salen corriendo, como si nada hubiera pasado’. Y ahí estamos. Hasta que la verdad nos alcance como un tsunami ya imposible de detener.

Nuestra sociedad se ha vuelto 100% mediática. Vivimos del instante, del impacto. Hemos olvidado trascender como especie más allá de nuestra individualidad. Ponemos el foco en el hoy, en el día de mañana y, con suerte en el año próximo (generalizo, no se me ofendan). Casi nadie piensa ya en la próxima década y menos en la próxima generación. Nuestro legado para ella es ‘hagan lo que puedan con lo que reciban’. Las víctimas de la COVID-19 son impactos directos en nuestro día a día. Las víctimas del cambio climático son simplemente víctimas en diferido (ocultas bajo otros eufemismos) o simplemente víctimas de un futuro que nos queda lejano y muchas veces ajeno.

Seguramente algunos se estarán rasgando ahora mismo las vestiduras. ¡¡Qué inconsciencia el tipo este!! ¡¡Organizar una reunión cuando hay que evitar el contacto social!! ¡¡Reunir a tanta gente cuando la prioridad es la salud y frenar los contagios!! Escuchar este tipo de comentarios en medio de una sociedad que ha clamado porque no podíamos salir a correr juntos, porque los gimnasios estaban cerrados o porque no empezaba la Liga de fútbol es poco menos que un chiste de mal gusto. Millones de personas están sacando adelante sus empresas y negocios trabajando desde su domicilio. Millones de niños y jóvenes aprendiendo desde el salón de su casa. Reunir vía online a unos cientos de personas para hablar del futuro del planeta es un juego de niños. El problema es ese, que para muchos el cambio climático sigue siendo eso… un juego, sino de niños sí de intereses.

La aceleración del cambio climático nos acerca peligrosamente a cambios irreversibles

Bienvenidos a Venus

No soy muy optimista en este tema. Creo que cruzamos nuestro Rubicón climático hace ya tiempo (si pinchan aquí descubrirán que es eso de cruzar el Rubicón). Y solo nos queda la opción de poner parches. Parches que cada vez serán más costosos, económica y socialmente hablando. Y espero que no lleguen a cumplirse las previsiones que no hace muchos años hizo el desaparecido Stephen Hawking al  respecto. Les dejo con sus palabras. Tal vez a algunos leerlas les ayude a reflexionar un poco.

Los recursos se están agotando a un ritmo alarmante. Le hemos dado a nuestro planeta el regalo desastroso del cambio climático. Si el ser humano quiere sobrevivir, ha de encontrar un nuevo hogar en el espacio en un plazo de 200 a 500 años. La próxima vez que te encuentres con un negacionista del cambio climático, diles que hagan un viaje a Venus. Pagaré el pasaje

Postdata

Por cierto, si alguien tiene la tentación de pensar que esto de la pandemia es un balón de oxígeno para el clima siento aguarle la fiesta. Olvídense de la ilusión de que parar el mundo un par de meses nos permitirá regresar a un idílico estatus anterior. Para muestra un par de recientes (y demoledores) ejemplos:

  • La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera (curva de Keeling) alcanza en mayo su máximo histórico con 417,1 partes por millón (NOAA).
  • El mes de mayo ha sido el más cálido en España desde 1965 con una temperatura media 19,3ºC (2,7ºC por encima de la media de los últimos 30 años) (AEMET).

Bienvenidos al tsunami. Elijan cuál.

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