Fotos con historia: El pueblo que susurraba a los cocodrilos

Desde la más remota antigüedad tribus, pueblos y civilizaciones han venerado de un modo u otro a la naturaleza. Los animales de todo tipo han sido objeto principal de esta veneración. A día de hoy sigue siendo un rasgo cultural aún vigente en todos los rincones de nuestro planeta. La fotografía que encabeza este post nos muestra uno de los casos más curiosos al respecto. Es una imagen que resulta a la vez entrañable y turbadora. Un niño posa para el fotógrafo plácidamente sentado sobre el lomo de un cocodrilo. No parece tener miedo alguno. Tampoco el cocodrilo parece alterado. Y es lógico. En Bazoule (Burkina Faso) los cocodrilos, considerados seres sagrados, conviven en perfecta armonía con los habitantes de la aldea. Y además… cayeron llovidos del cielo.

Somos animales

Puede sonar a obviedad es cierto, pero nuestro antropocentrismo exagerado a veces no aleja de esa realidad: somos animales. Y como tales, o posiblemente por causa de ello, nuestra relación con el resto de ellos ha estado siempre en el centro de todas las culturas. Cazábamos animales para comer y luego aprendimos a criarlos para asegurar nuestro sustento. Domesticamos especies para que facilitaran nuestra vida. Los usamos como modelos de nuestro arte desde tiempos remotos. Estudiamos su comportamiento para aprender más sobre nuestros orígenes y nuestro mundo. Los empleamos como banco de pruebas para combatir enfermedades. Podríamos seguir con docenas de ejemplos. Pero tal vez una de las relaciones más ancestrales del hombre con los animales fue el considerarlos como animales representativos de lo misterioso, de lo sagrado.

Todos conocemos las maravillosas pinturas rupestres de bisontes de Altamira (imperdonable no escaparse un día a ver su museo). Como ellas, muchas de las primeras representaciones artísticas del hombre tienen a los animales como protagonistas. Escenas de caza o simplemente representaciones de bisontes, venados, mamuts o cualquier animal de la época. Da lo mismo si el hombre los dibujaba para venerarlos (amor-temor por la naturaleza) o para propiciar su caza (amor-temor a pasar hambre). Lo cierto es que la fascinación por ellos parece incrustada en nuestros genes.

Todas las mitologías, religiones y culturas han hecho de los animales un elemento troncal. Los dioses egipcios con rostros animales. El papel de los animales en las mitologías mesoamericanas. La loba romana, las vacas sagradas de la India o el cordero cristiano. Las tradiciones medievales basadas en figuras míticas (dragones, grifos…). Las miles de fiestas y festejos en todo el mundo con animales como protagonistas (en muchos casos ‘tristes’ protagonistas). La propia cultura de los animales de compañía o los actuales movimientos animalistas. ¿Aún alguien tiene dudas sobre nuestra especial relación con el mundo animal?

Cocodrilos sagrados

Cuenta la tradición que hacia el siglo XII la unión entre una princesa amazona y un joven cazador dio origen al pueblo mossi en las riberas del río Volta, en la actual Burkina Faso (antiguo Alto Volta). De su unión nació Naba Ouedraogo, primer Mogho Naba (monarca) de una estirpe que ha perdurado hasta hoy día. Si bien el río Volta era una fuente de vida para la región, muchas aldeas mossi quedaban alejadas del mismo y perdidas en tierras sumamente áridas.

Sigamos con la leyenda. Una de estas aldeas era Bazoule. Sus habitantes debían recorrer cada día 15 km para acceder al agua más cercana. En tiempos del monarca Naba Kouda (1358-1401) se produjo un fenómeno extraordinario. Durante un período de extrema sequía un buen día, de pronto, llovieron cocodrilos del cielo. Los cocodrilos excavaron un enorme agujero que se acabó convirtiendo en el estanque de Bazoule. A partir de ese momento las lluvias eran recogidas por el estanque y los habitantes de la aldea nunca más pasaron sed. En agradecimiento los habitantes de Bazoule pasaron a considerar a los cocodrilos como seres venerables e iniciaron con ellos una extraña y larga convivencia.

Los mossi de Bazoule se consideran estrechamente ligados a los cocodrilos. Están convencidos que comparten un mismo espíritu. Los veneran, los cuidan, los alimentan y realizan festejos rituales para pedirles toda suerte de deseos y bendiciones. Están convencidos que si un cocodrilo muere de forma natural, un habitante del pueblo seguirá la misma suerte. Y si alguien mata a un cocodrilo, también él morirá al poco tiempo para purgar su delito.

 

 

Cocodrilos sociales

Dejando de lado la belleza de las leyendas (que nunca nos falten, por favor) el caso de los cocodrilos de Bazoule no resulta difícil de explicar. La colonia está formada por unos 100 ejemplares de cocodrilos del Nilo (Crocodylus niloticus), una especie de agua dulce. Habitantes originales del río Volta, esta pequeña comunidad debió quedar aislada en algún momento al secarse algún afluente de la región. Aislados en charcas cada vez más reducidas, la propia desesperación de los animales por no perder el agua les hizo excavar agujeros cada vez más profundos. Curiosamente ello propició que las pocas lluvias de la zona encontraran un lugar idóneo para almacenarse. No llovieron del cielo, pero la leyenda no andaba desencaminada (cómo nos gusta a los humanos adornar las historias).

Sea como fuere la relación entre humanos y cocodrilos se tornó amigable. Los aldeanos de Bazoule se encargaban de proteger y alimentar a los cocodrilos, y estos se acostumbraron a su presencia. El paso de los siglos afianzó esta convivencia y hoy día los animales están tan acostumbrados al hombre, pese a vivir en libertad, que la foto protagonista de este post es algo habitual. La curiosa ‘simbiosis’ terminó resultando sumamente beneficiosa para ambos. Los cocodrilos viven plácidamente en su estanque y han sorteado duros períodos de hambruna gracias a los pollos que los aldeanos crían para ellos. Y los habitantes de Bazoule disponen de una fuente de agua permanente y cercana, gracias a los desvelos ecológicos de sus venerados reptiles.

Por cierto, si alguna vez se pasan por Bazoule no dejen de acercarse al estanque. Somos humanos y todo lo acabamos comercializando. También fotografiarse con los cocodrilos se ha convertido en un atractivo turístico (y económico) de la aldea. Por suerte para los cocodrilos Bazoule no está ni en la Costa del Sol ni en la Riviera Maya, sino a estas alturas también ellos serían ya una leyenda.

 

Crédito de la fotografía de portada

Un niño sobre un cocodrilo junto al estanque de Bazoule, Burkina Faso, un pueblo que comparte vida con estos reptiles a los que consideran animales sagrados (Olympia de Maismont, 2018)

 

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