Fotos con historia: la tragedia australiana

La imagen esconde una pequeña gran tragedia. Un pequeño ualabí yace muerto junto al cadáver de su madre. Ella murió en una carretera cerca de Exeter (Tasmania, Australia) víctima de uno de los miles de atropellos de animales que se producen anualmente en la zona. Su pequeña cría permaneció junto a los restos de su madre hasta caer vencida por el hambre y la desprotección. Se calcula que hasta un millón de animales salvajes podrían morir al año por este tipo de accidentes sólo en la isla de Tasmania. La biodiversidad australiana corre peligro.

Australia, un paraíso perdido

Aislada desde hace millones de años del resto de masas terrestres, Australia se convirtió en un verdadero paraíso de especies propias y diferentes. Canguros gigantes, leones marsupiales, enormes aves no voladoras de más de 200 kilos, tortugas del tamaño de coches… Así hasta un sinfín de todo tipo de especies. Sin embargo hace entre 45.000-50.000 años todas ellas desaparecieron. La conocida como ‘megafauna australiana‘ se evaporó de la faz de la Tierra. Toda especie mayor del tamaño de un perro desapareció.  Como todas las extinciones repentinas también esta ha sido fruto de estudios, interpretaciones y polémicas científicas. Cambios climáticos, transformaciones del ecosistema o la intervención directa del hombre han estado siempre en el foco de dicha extinción.

Lamentablemente cuando hablamos de extinciones de este tipo (megafaunas del Pleistoceno) aparece un patrón que es difícil de ignorar. Con un rango de tiempo variable el Pleistoceno vio la desaparición casi repentina de las megafaunas australiana, norteamericana, suramericana y europea. Y todos esos eventos coincidieron con la ‘masiva’ llegada de los humanos a cada una de esas regiones. La aparición del hombre sometió a dichas faunas a una presión ecológica insostenible. La caza tuvo el peso más destacado en dicho proceso. Animales no acostumbrados a convivir con el hombre (y, por tanto, desconocedores de su potencial peligro) fueron sistemáticamente diezmados hasta su desaparición. Quizás otros elementos del entorno (climáticos básicamente) jugaran también algún papel, pero todo apunta al hombre como causante de dichas extinciones.

Curiosamente la única megafauna que logró sobrevivir a estos eventos, y que es la única que ha llegado a nuestros días, es la africana. Curiosamente en dicho continente tuvo su cuna el ser humano. La coexistencia ancestral entre homínidos y megafauna en Africa habría sido un factor favorecedor para la preservación de esta última. Vamos que elefantes, jirafas, rinocerontes, hipopótamos y demás animales africanos aprendieron muy pronto lo poco fiable que era el ser humano como ‘compañero de hábitat’. Aprendieron a desconfiar y protegerse de él. Sus pobres e incautos parientes de otros continentes no sabían de nuestra de capacidad de arrasar con todo… y así les fue. Vale, vale, lo sé, en aquel momento nuestros abuelos no eran conscientes del concepto ‘extinción’. Mataban para comer.

Australia, un paraíso perdido en liquidación

El continente australiano sigue siendo a día de hoy un hábitat de especies únicas. El 83% de sus mamíferos, el 89% de sus reptiles, el 90% de sus peces e insectos y el 93% de sus anfibios son especies endémicas, es decir, que sólo existen en su territorio. Seres tan curiosos como los monotremas (mamíferos que ponen huevos) sólo existen en Australia. Y más de 200 especies de marsupiales (de las 250 conocidas) tienen ‘pasaporte australiano’. Lo mismo ocurre con familias enteras de reptiles, anfibios o insectos.

Sin embargo el futuro de muchas de ellas se encuentra en el filo de la navaja. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) publicó en 2017 una ‘Lista Roja de los ecosistemas más amenazados‘ del mundo. Entre los 15 con mayores riesgos se encuentran 5 australianos. El cambio climático, la deforestación, la contaminación y la presión humana han puesto en riesgo a cerca de 3.000 puntos naturales del continente. Y con ellos a cerca de 1.600 especies animales y vegetales de todo tipo en riesgo de extinción.

A pesar del aumento de la conciencia ecológica y de las políticas gubernamentales de preservación, 34 especies de mamíferos y 29 de aves se han extinguido en los dos últimos siglos. Otras 7 especies de mamíferos y 10 de aves lo harán en los próximos 20 años si no se pone remedio. El último censo exhaustivo de la biodiversidad del país ha identificado 47 especies de aves, 106 de peces, 90 de plantas y 55 de mamíferos (excluidos cetáceos) en peligro de extinción. Un panorama desalentador.

 

El mapa de la biodiversidad australiana (Tania McCartney)

 

Volviendo a la foto

La foto que encabeza este post muestra otra cara de los peligros que acechan a la fauna australiana. Más allá de los ‘grandes riesgos’ asociados a la extinción de especies, hay un día a día que también resulta estremecedor. Los ualabis muertos de la imagen son sólo la cara visible del mismo. La alta densidad de animales salvajes (especialmente canguros, ualabis y koalas) hace que sea habitual cruzarse con ellos en las carreteras. Las últimas horas del día y primeras del día, momento que muchos de ellos aprovechan para desplazarse, se convierten en las más peligrosas. El estudio más fiable realizado al respecto indica que sólo en la isla de Tasmania entre 500.000 y 1 millón de animales mueren atropellados cada año. Una simple reducción en los límites de velocidad al amanecer y al anochecer favorecería que miles de esas muertes no se produjeran.

Otro ejemplo de esta ‘crisis’ faunística lo acaba de aportar un estudio de la Charles Darwin University (Darwin, Australia). Se calcula que en el continente viven varios millones de gatos domésticos asilvestrados. Un estudio realizado sobre muestras alimentarias de 10.000 de ellos ha permitido calcular de dichos gatos devoran unos 466 millones de reptiles al año. Muchos de ellos de especies amenazadas. A ellos hay que sumar otros 180 millones consumidos por los gatos callejeros y domésticos. Se trata de cifras estimativas y que varían en función de la climatología anual. Otro estudio independiente del año pasado ya estimó que estos mismos gatos acababan cada día con la vida de 1 millón de pájaros.

Podríamos seguir refiriendo ejemplos hasta agotar la paciencia del lector. Un 80% de la población de koalas ha desaparecido entre 1996-2014 de la conocida como Costa del Koala (al sur de Brisbane) por culpa de la deforestación. La pérdida del 80-90% de la población de demonios de Tasmania víctimas de un cáncer facial de origen aún desconocido. Ecosistemas completos como el de la marvillosa isla de Lord Howe amenazados por el cambio climático. Por no hablar de los riesgos que se ciernen sobre una de las maravillas naturales de nuestro planeta: la Gran Barrera de Coral.

Descansen en paz el pequeño ualabi y su madre. Y que la imagen sirva al menos para despertar nuestra conciencia a la necesidad de preservar el mundo natural que nos rodea. A la vuelta de la esquina de cada uno de los que lean esto hay una parte de ese entorno natural y decenas de amenazas que se ciernen sobre él. Es labor de todos ayudar a su preservación.

 

Referencias

Woinarski J. C. Z., Murphy B. P., Palmer R., Legge S. M., Dickman C. R., Doherty T. S., Edwards G., Nankivell A., Read J. L., Stokeld D. (2018) How many reptiles are killed by cats in Australia?Wildlife Research 45, 247-266.

Geyle Hayley M., Woinarski John C. Z., Baker G. Barry, Dickman Chris R., Dutson Guy, Fisher Diana O., Ford Hugh, Holdsworth Mark, Jones Menna E., Kutt Alex, Legge Sarah, Leiper Ian, Loyn Richard, Murphy Brett P., Menkhorst Peter, Reside April E., Ritchie Euan G., Roberts Finley E., Tingley Reid, Garnett Stephen T. (2018) Quantifying extinction risk and forecasting the number of impending Australian bird and mammal extinctionsPacific Conservation Biology 24, 157-167.

Sander van der Kaars, Gifford H.Miller, Chris S.M.Turney, Ellyn J.Cook, Dirk Nürnberg, Joachim Schönfeld, A. Peter Kershaw, Scott J.Lehman (2017) Humans rather than climate the primary cause of Pleistocene megafaunal extinction in Australia. Nature Communications,8, Article number: 14142 (2017)

Créditos de la fotografía de cabecera: Barbara Walton / EPA (2018)

 

 

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