Greta Thunberg y el papanatismo mediático

Hace tiempo que quería hablarles de este tema pero hasta hoy no me he decidido a hacerlo. Y lo siento. Sé que a muchos no les gustará lo que sigue. Pero a veces ser políticamente correcto solo conduce a la inopia y el estancamiento. Hoy prefiero ser políticamente incorrecto. No me gusta Greta Thunberg.

Bien, ahora que les he hecho entrar aquí matizaré mi anterior afirmación. No me gusta el papel que están haciendo jugar a esta jovencita sueca. Obviamente no tengo nada contra ella ni contra su encomiable militancia en pro de la defensa de nuestro ecosistema planetario. Me parece maravilloso que ella (como otros tantos millones de jóvenes del mundo) haya dado un paso al frente para remover conciencias. El mundo necesita que la juventud se sume con su energía y sus puntos de vista a este movimiento. Pero…

Poniendo algunos puntos sobre algunas íes

Hace décadas que la juventud está implicada en todo tipo de movimientos en defensa de la naturaleza, de la biodiversidad o de la lucha contra el cambio climático. No, no ha sido Greta quien ha despertado sus conciencias (por mucho que ciertos medios  se empeñen en hacerlo ver así). Podría citar docenas de nombres de jóvenes y asociaciones juveniles solo de mi entorno que llevan años implicados en esta ‘cruzada’.

Fíjense que he dicho ‘hace décadas’ en el párrafo anterior. Obviamente ello supone que muchos de esos jóvenes ya no lo son tanto. Son adultos. También muchas personas han tomado conciencia de esta crisis planetaria en su edad adulta y se han sumado al movimiento con idéntico entusiasmo. No, no son sólo los jóvenes quienes han removido la conciencia global frente al problema del cambio climático (por mucho que ciertos medios se empeñen en hacerlo ver así).

La ciencia lleva décadas levantando la mano sobre la crisis climática a escala planetaria. Datos empíricos de todo tipo corroboran que algo muy serio está pasando. Y que si no tomamos medidas, cada vez más urgentes, nos acercamos a un peligroso abismo de consecuencias imprevisibles. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), la NOAA, la ESA, la NASA y cientos de organismos de investigación y académicos vienen aportando datos incontestables al respecto desde hace décadas. No, no son los manifestantes de los viernes quienes acaban de descubrir el problema del cambio climático (por mucho que ciertos medios se empeñen en hacerlo ver así).

El icono Greta

No voy a entrar en el análisis personal del fenómeno ‘Greta’ pese a los muchos interrogantes que me suscita el meteórico ascenso de esta jovencita. ¿Qué hace que una joven de 15 años se convierta de la noche a la mañana en un icono mundial? ¿Por qué ella y no otras seguro mucho mejor preparadas emocional e intelectualmente para ello? ¿Qué papel han jugado sus progenitores (ambos artistas famosos en su país) en esta historia? ¿Qué rol ha jugado su ‘síndrome de Asperger’ en todo este boom? A buen entededor… Podría añadir algunas preguntas más punzantes a estas, pero ya he dicho que prefiero seguir otra senda.

Me he tomado la molestia de leer los principales ‘discursos’ que ha pronunciado en los últimos tiempos en algunos de los foros públicos más importantes del mundo. Se trata, generalmente, de intervenciones de pocos minutos. Se trata, generalmente, de pronunciamientos muy directos y claros sobre la voluntad de tomar medidas para revertir la crisis climática. Se trata, generalmente, de mensajes con una carga emocional muy potente: la juventud del mundo levantando su voz enojada por la inacción de los poderes planetarios.

Encomiable, sin duda, como elemento emocional. Pero vacío como elemento científico y perverso como elemento de debate. Vacío como elemento científico porque, para bien o para mal, el cambio climático va de ciencia y de datos. No podemos trasladar el debate de algo tan importante y crítico para nuestro futuro al campo de las opiniones y las emociones.

Lo emocional ha cobrado un protagonismo esencial en nuestra sociedad. La política, las organizaciones, las empresas, los medios… han descubierto que trabajar correctamente el perfil emocional de sus ideas, sus objetivos, sus productos… puede ser un camino asegurado al éxito. Nada a objetar a ello. Pero cuidado. Las ideologías políticas, las aficiones deportivas o las afinidades personales son difícilmente mesurables, cuantificables u objetivables. Cierto, las emociones juegan un papel fundamental en esos terrenos.

En la ciencia, sin embargo, las emociones juegan un papel secundario. Podemos usar de ellas para sensibilizar sobre ciertos aspectos, para ayudar a divulgar, para generar empatía hacia sus propios fines. Pero no podemos convertirlas en el argumento de nada. Ni la astronomía, ni la climatología, ni la geología o la genética se rigen por las emociones.

Es obvio que el liderazgo emocional en temas como el que nos ocupa es un factor importante a la hora de generar conciencia global. Pero cuidado. Restringir nuestro argumentario a ese nivel habilita de inmediato al contrapunto emocional. Los negacionistas solo necesitan ahora encontrar su propio icono y construir un discurso emocional a la altura para contrarrestar a la buena de Greta. No digo que vaya a ocurrir, pero la puerta queda abierta. Y de pronto, la robusta evidencia del cambio climático basada en una sólida arquitectura de datos empíricos queda reducida a una pugna de ‘emociones’ entre dos posturas al mismo nivel mediático.

Caemos en la famosa trampa de llevar el asunto al ámbito de las opiniones. Yo siento. Yo creo. En lugar de… yo aporto datos. Y en esa trampa tienen el mismo derecho a opinar y creer los unos y los otros. Lo convertimos en un debate electoral donde todos los candidatos tienen derecho al mismo tiempo y espacio para defender sus argumentos (por buenos o malos que sean).  Perverso.


Papanatismo mediático

Vivimos en una sociedad que se mueve a golpe de imágenes y titulares. Rara vez se profundiza en el contexto. El espíritu crítico brilla por su ausencia. Nos centramos en la instantánea y no en la secuencia. Asimilamos el titular, pero ni nos fijamos en el subtítulo (ya no digo leer y analizar la noticia al completo). Y así nos va.

Hemos devenido en una sociedad de lo instantáneo. Del consumible fácil. De lo mediático. Queremos hacer muchas cosas en cada vez menos tiempo. Necesitamos consumir a mucha velocidad. Y la información (y la documentación) ha sido una de las víctimas más visibles de este proceso. No hay tiempo para leer las noticias. Me vale con los titulares o los resúmenes de tres líneas. Y así nos va.

A veces incluso ni siquiera hay tiempo  para leer los titulares escritos. Nos vale escuchar la entradilla de los noticiarios audiovisuales o simplemente dejarnos llevar (y construir opinión) con las opiniones de alguien con quien simpatizamos: el experto, el analista, el tertuliano. Y así nos va.

El mundo de los medios se ha vuelto una selva. La profusión de ellos en todos los ámbitos imaginables (prensa, radio, televisión, blogs, web, podcast, youtube…) ha redundado en un mayor nivel de información para todos, pero también en una precarización de su contenido y de su consumo. La avalancha de datos e información es tan enorme que no todo el mundo dispone de los medios y el criterio para saber dónde localizar lo que busca y validar su fiabilidad.

Y volvemos a la buena de Greta. Greta vende. Greta atrae. Es fácil empatizar con una joven de 16 años coronada casi como la salvadora del planeta. Y los medios lo saben. Y en ese momento el pez se muerde la cola y la rueda empieza a girar. La retroalimentación está servida. Y de pronto Greta abre informativos, llena páginas y cualquier cosa que diga o haga se convierte en algo parecido a un dogma.

Da lo mismo que solo tenga 16 años. Da lo mismo que a esa edad lo que debería estar haciendo es formarse adecuadamente para el día de mañana (aquí me ha salido la vena de padre). Da lo mismo que sus conocimientos sobre modelos climáticos, bioquímica atmosférica u oceánica sean nulos. Ella es el referente mundial para la lucha contra el cambio climático. Muy triste. Ya les advertí al principio que hoy no iba de corrección política.

Nadie niega su valor como ‘icono mediático’. Pero, por favor, no vayamos más allá. Ni la ciencia se merece que se la rebaje a ese nivel (pienso en los miles de científicos que llevan décadas trabajando y levantando su voz), ni esta pobre joven se merece que carguemos sobre sus hombros esa responsabilidad. En ciencia todo ayuda, pero no todo vale.


Postdata a los medios

Yo acuso. Detesto la vulgarización de la información en la que han caído los medios de comunicación generalistas (no todos, pero sí la gran mayoría). Detesto la marketización de la información, donde priman los shares a la fiabilidad. Detesto la lucha por el titular más agresivo y llamativo, aunque sea a costa de tergiversar o disfrazar la realidad. Detesto la hipocresía de vender la información como un ‘bien objetivo’ cuando todos sabemos a qué intereses (empresariales o ideológicos) responde casi cada medio.

Sean honestos. No vendan una falsa objetividad. La mayoría tampoco la pide. Al final cada cual es esclavo de sus propias emociones y convicciones y busca aquello que las satisface. No hace falta disimular.

Y para hablar de cambio climático o de ciencia, por favor sean consecuentes. Es muy bonito sumarse a un movimiento global de la prensa para hablar de ‘crisis climática’ como forma de compromiso social. Mejor que eso, que también, díganme cuántos científicos o periodistas especializados en ciencia tienen en sus redacciones. Seguro que infinitamente menos que periodistas deportivos (con todos mis respetos hacia ellos). Debe ser porque el problema más grave del planeta es quién ganará la Champions este año y no el cambio climático. Y así nos va. Pobre Greta. Pobres de nosotros.

2 comentarios en “Greta Thunberg y el papanatismo mediático”

  1. Me costo aprender, comprender porque los medios, la publicidad prefiere azuzar las emociones a la mente. las emociones son por si misma reactivas, a un acción corresponde una reacción inmediata. la mente prefiere reflexionar, por eso es más difícil convencerla, por eso interesa que las personas sigan acudiendo más a sus emociones que a su mente, todo esto, empobreciendo la educación, y dificultando que las personas se conozcan mejor así mismas, pues de esta forma son mas facil de controlar.
    Posiblemente los que preferimos los datos objetivos no seamos tanto, o sencillamente somos mas dificil de convencer, sobre todo por parte de los politicos que cambian de idea como veletas y que saben que pueden dejarlos en evidencia.
    Cuando los medios se dirigen a la población, lo hacen a sabiendas de que la inmensa mayoría, incluidos los mas formados en ciencias, son facilmente manipulados a traves de las emociones.
    Desgraciadamente es lo que hay.

  2. No desmerezco el valor de las emociones y los sentimientos. Pero cada cosa tiene su ámbito y su lugar. Y el fenómeno ‘Greta’ me parece un mal ámbito donde jugar con ellos. O al menos para darle el protagonismo y valor que se le está dando. Me chirrían demasiado los obvios claroscuros como producto de márketing (y sus nada claros apoyos) y el uso de una menor como foco mediático. Todo suena a una nueva princesa Disney y eso, en el fondo, relega el problema del cambio climático a un hecho accesorio.

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