Hipopótamos, noticias falsas y la cultura del error

La fotografía que encabeza este artículo generó hace poco una interesante polémica en mi canal de Twitter (@CRCiencia). Pasados unos días, y serenados los ánimos, es buen momento para retomar el tema y abrir una necesaria reflexión al respecto. ¿Recuerdan las lecciones de Los Teleñecos (The Muppets)? Los más veteranos del lugar seguro que sí. Pues hoy, amiguitos, aprenderemos la diferencia entre equivocarse y mentir.

Hipopótamos

“Una madre hipopótamo transporta a su cría de pocos días entre sus fauces en el lago Kariba, Zimbabwe”. Así rezaba la explicación a la imagen del fotógrafo suizo Adrian Hirschi que un servidor compartió en su cuenta de Twitter. Tanto la imagen como su explicación fueron obtenidas de una página de naturaleza norteamericana rigurosa y de uso habitual. Lamentablemente esta vez la rigurosidad falló y se coló una explicación errónea a la imagen.

En realidad la fotografía muestra el momento en que un macho hipopótamo captura a la pobre cría para matarla. Se trata de una actitud habitual entre los machos dominantes en una manada de hipopótamos. Es un modo de mostrar su autoridad y poder frente a otros machos más jóvenes del grupo. Ya saben, aquello de ‘marcar territorio’.

Detectado el error gracias al amable aviso de algunos seguidores, la publicación fue retirada y reemplazada por un nuevo tuit con la explicación correcta y una disculpa por la metida de pata. Nada extraordinario si no fuera porque en el breve intervalo en que estuvo colgado el tuit con la explicación errónea, un reducido grupo de usuarios (en adelante ‘los ofendidos’) aprovechó para descargar toda su chusca artillería. Insultos, descalificaciones, expresiones soeces… poniendo en tela de juicio la honestidad y fiabilidad de quien les escribe.

Quienes llevamos años en este mundillo de las redes sociales andamos, ya hace mucho, curados de espanto. La red es un filón de conocimientos y gente dispuesta a compartir sabiduría, pero al mismo tiempo un pozo donde unos poso usuarios vierten todas sus frustraciones y miserias, intelectuales y sociales. En todo caso el incidente nos permite hoy aprender a distinguir entre dos conceptos que últimamente la sociedad tiende a confundir.

Noticias falsas

Algunos de los usuarios más ‘ofendidos’ se rasgaban las vestiduras tildando el error de fake news. De intentar engañar a los lectores manipulando la realidad (haciéndola más ‘amable’ en este caso). Toca hoy, por tanto, aprender una primera lección. ¿Qué es un fake new? Ese término tan ‘guay’ que todo el mundo parece ahora reivindicar como si nos acabara de caer del cielo (en inglés, además, que ya saben que viste más).

Un ‘fake news’ no es ni más ni menos que una noticia falsa de toda la vida. Una información falseada, además, con un claro componente de intencionalidad. Intencionalidad que usa del engaño, la tergiversación, la desinformación o la descontextualización para manipular al  receptor de la noticia. Y todo ello bajo una apariencia de rigor o fiabilidad. Con el objetivo último de lograr un beneficio propio o un perjuicio para otro.

Lamentablemente nuestra mediática sociedad de la información ha visto como las ‘fake news’ se han convertido en un habitante habitual de su entorno. Muchas y variopintas son las causas de este florecimiento de las mismas. Medios de comunicación interesados en incrementar sus audiencias, movimientos políticos necesitados de elementos fuerza para captar adeptos, simples individuos ansiosos de protagonismo o ansias de distorsionar la realidad…

La lista sería larga y las razones casi infinitas. Nada nuevo, en todo caso, en el devenir de nuestra especie. Un simple repaso a la historia nos puede desvelar en poco rato numerosos ejemplos de noticias falsas. La política, la economía, la religión, incluso en ocasiones la ciencia y la cultura están repletas de ejemplos. Algunos con fines bienintencionados. Muchos con oscuros objetivos. La mentira, para bien o para mal, forma parte intrínseca de nuestra especie y nuestra cultura.

La cultura del error

1. m. Concepto equivocado o juicio falso.
2. m. Acción desacertada o equivocada.
3. m. Cosa hecha erradamente.
4. m. Der. Vicio del consentimiento causado por equivocación de buena fe, que anula el acto jurídico si afecta a lo esencial de él o de su objeto.

Me he permitido abordar el concepto de error arrancando con la definición del mismo que realiza la Real Academia de la Lengua Española. Y lo hago porque si las tres primeras definiciones del mismo son claras (equivocación, desacierto), la cuarta introduce la guinda (equivocación de buena fe).

Sí, queridos amiguitos (especialmente ‘los ofendidos’), errar es equivocarse de buena fe. Errar es meter la pata sin intención de hacerlo. En el error no existe la voluntad de transmitir una información falsa. Es simplemente fruto de una mala interpretación, de un despiste, de un lapsus, de un exceso de confianza… de muchas otras causas.

Tiene además el error una gran virtud sobre la mentira. Una vez detectado, al no existir malévola intención tras él, es fácilmente subsanable mediante una corrección o una disculpa. Nada que ver con la mentira, cuyo fondo perverso supone ya de entrada un hándicap para ser combatida. Una resistencia del padre de la mentira.

Y eso me lleva a la reflexión final de este articulito. Tal vez quien esté leyendo estas líneas piense que era innecesario venir a hablar ahora de la diferencia entre mentira y error. Si lo he hecho es porque en el fondo ‘los ofendidos’ son una fotografía bastante fiel del entorno social en que nos movemos. Una parte importante de nuestra sociedad sigue estigmatizando todavía el error como algo malévolo y pernicioso.

No hemos sido capaces aún de asimilar el error como una fase no solo necesaria sino imprescindible de nuestro proceso de aprendizaje. Social, cultural, humano. En el mundo académico, en el laboral, en la política, el deporte, incluso en nuestras relaciones personales, tendemos a magnificar los errores y descalificarlos como algo negativo. Un error no nos enseña, nos penaliza. De ahí a ponerlo casi al nivel de la mentira solo hay un paso. Y de ahí a pasar al grupo de ‘los ofendidos’, un suspiro.

Si ha llegado hasta aquí, amable lector, le animo encarecidamente a errar sin miedo. A entender la cultura del error como un medio para avanzar. Vivir es decidir. Decidir implica a veces errar. Y errar es aprender.

Y si todo esto les ha parecido una simple equivocación, vayan por delante mis disculpas 😉

4 comentarios en “Hipopótamos, noticias falsas y la cultura del error”

  1. La importancia del error en el aprendizaje es fundamental. Tan fundamental como eliminar las mentiras que nos hacen ignorantes. Gran artículo y felicidades por tu escritura fresca y clara.

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