La segunda extinción de los dinosaurios (está pasando)

¿Es un nuevo modelo de telescopio? ¿Un sistema de focos del Mundial de Rusia? ¿Tal vez un panel publicitario de una marca de pinturas? Nada de todo eso. Fíjense bien. Se trata de una curiosa estructura mitad obra de arte, mitad vivienda para vencejos (un ave parecida a las golondrinas y muy común en Europa). Está instalada en un parque público de Cambridge, Reino Unido. Coloreada como un sol poniente, la estructura está formada por 221 ‘cajas’. Un centenar de ellas están habilitadas como nidos para vencejos. Podríamos decir que es algo parecido a un edificio de apartamentos de ‘protección oficial’. Su objetivo: ayudar a recuperar esa especie, que en los últimos 20 años ha perdido sólo en el Reino Unido el 50% de sus parejas reproductoras. 

Los vencejos comunes (Apus apus) pasan nuestro invierno boreal (el del hemisferio norte) en el sur de Africa. Cuando llega la primavera (otoño austral) migran hacia el norte rumbo a Europa y amplias zonas de Asia para reproducirse. Cada mes de mayo su aparición en los cielos del Reino Unido es un anuncio de la llegada del buen tiempo. Sin embargo los ornitólogos hace tiempo ya que detectaron que algo no andaba bien. La observación de las aves es una de las ‘ciencias’ (permítanme la licencia) más antiguas y extendidas que existen. Millones de personas en el mundo se dedican a observar las aves y contar su número. Cuando cruzan el cielo en bandadas migratorias. En las marismas o estuarios donde reposan. En sus puntos de anidamiento. Son millones y millones de datos obtenidos de este modo. Todos ellos sumados y estructurados permiten disponer de una información valiosísima y fidedigna sobre los hábitos y poblaciones de cientos de especies de aves.

Arquitectura y agricultura en el punto de mira

A lo que íbamos. Los ornitólogos británicos detectaron un descenso continuado en las poblaciones de vencejos que retornaban cada año. Entre 1995 y 2015 el descenso fue de un 51%. Pero lo más alarmante es que sólo en los últimos 5 años la cifra fue del 24%. Un primer estudio sobre el tema ha permitido identificar dos causas principales. Una arquitectónica y otra biológica. Los vencejos suelen construir sus nidos en paredes verticales bajo aleros de casas. Algo muy parecido a las golondrinas. Se han adaptado perfectamente a la arquitectura humana. Sin embargo muchas de las casas rurales británicas, donde anidaban, han sido derruidas o reformadas en las últimas décadas. Y muchas de las nuevas construcciones, o de las reformadas, carecen de los agujeros o rincones donde los vencejos solían anidar. Punto negativo para la arquitectura.

El segundo factor es aún más preocupante. Los vencejos viven volando. Apenas se posan en el suelo. Duermen, se aparean y comen volando. Su comida, por tanto, también debe volar. Se alimentan de insectos voladores. Y aquí surge la segunda tragedia para estas aves. Investigadores alemanes han calculado que desde 1989 han desaparecido de Europa cerca de un 75% de los insectos voladores (hablamos de individuos, no de especies). Y estudios británicos confirman en cierto modo esos datos. En los últimos 40 años en el Reino Unido el 75% de las especies de mariposas han visto mermadas sus poblaciones y han desaparecido el 40% de las polillas.

¿Y a dónde han ido a parar todos esos insectos? Seguro que los cambios climáticos tendrán alguna pequeña incidencia en este caso, pero no van por ahí los tiros. De nuevo la mano del hombre aparece detrás: las prácticas agrícolas y la contaminación urbana e industrial. Fundamentalmente todo apunta al uso de herbicidas y pesticidas en el entorno agrario. La búsqueda de especies vegetales sanas y hermosas pasa muchas veces por la eliminación de los insectos que pueden atacarlas o que simplemente ‘pasaban por ahí’. A todos nos suena la crisis global de las abejas. Y ahí empieza una trágica cadena que llega hasta los vencejos. Punto negativo para la agricultura.

Una avioneta fumiga un campo de cultivo en Estadios Unidos

 

Volver a extinguirse, un drama

Hace 66 millones de años una de las mayores extinciones masivas (en todo caso la más popular) asoló nuestro planeta. Se llevó por delante al 76% de las especies conocidas. La cultura popular la ha incorporado a su imaginario porque supuso la desaparición de los dinosaurios, seres extraordinarios de nuestro pasado admirados y temidos por igual. Hace años ya, sin embargo, que la ciencia matizó esa ‘extinción de los dinosaurios’. La paleontología de las tres últimas décadas ha acreditado que no todos los dinosaurios desaparecieron. Lo hicieron los llamados ‘no avianos’ (vamos, lo que no volaban). Una rama importante de los dinosaurios, las aves, no sólo no desaparecieron sino que se diversificaron y expandieron con notable éxito hasta nuestros días. Podríamos decir que, en cierto modo, seguimos viviendo junto a los dinosaurios.

Pero 66 millones de años después estos ‘dinosaurios voladores’ (sus herederos las aves) afrontan un nuevo desafío. El último informe de la organización BirdLife International cifra en 1.469 el número de especies de aves actualmente amenazadas en mayor o menor medida. Eso supone un 13% de las especies, es decir 1 de cada 8 aves conocidas. Añadamos a eso que desde el año 1500 hay constancia de la extinción de 190 especies de aves (aproximadamente un 2% de las conocidas). Y lo peor es que el fenómeno empieza a ser global. Ya no sólo son las especies exóticas o de islas perdidas las amenazadas. También las más comunes y extendidas.

Un simple repaso a modo de ejemplo utilizando solo datos de España (atención, los intolerantes a los datos pueden saltarse este párrafo). Entre 2005 y 2017 el número de especies que han perdido poblaciones ha pasado de 14 a 38. Especies como el escribano hortelano, la codorniz, la grajilla occidental o el sisón común han perdido entre el 50 y 66% de sus poblaciones. Los mochuelos han caído un 40%. Un 25% las golondrinas y un 35% los vencejos (si, si, los protagonistas de la foto de portada). Especies tan comunes como los gorriones han disminuido en un 15% (lo que representa 25 millones de gorriones). Si extrapoláramos datos a nivel mundial encontrariamos datos tan terribles como este: se calcula que desde 1950 el 70% de las aves marinas del planeta han desaparecido (eso son 230 millones de aves). Trágico.

El estado de las aves en el mundo (BirdLife International, 2018)

 

Si eres un pájaro, no vayas de vacaciones a Italia

Casi nunca hay una causa única detrás de un fenómeno de extinción global. Siempre suele ser una suma o una concatenación de varias. Generalmente hay un factor detonante al que se van añadiendo o con el que van interactuando otros. Pasen y vean. Y sumen o concatenen (qué rara suena esa palabra):

  • La agricultura: en los últimos 300 años las tierras dedicadas a cultivo han pasado del 6 al 38% de la superficie, generando prácticas no sostenibles, reduciendo hábitats naturales y generalizando el uso de plaguicidas
  • La tala de bosques: dos terceras partes de las especies de aves son habitantes de los bosques, especialmente los tropicales, los más afectados por la tala incontrolada (Amazonia, sureste Asiático)
  • Las especies invasoras: 941 especies de aves están afectadas por este problema (el 75% de ellas nativas de islas oceánicas con ecocsistemas muy frágiles).
  • La caza ilegal: sólo en la región mediterránea se calcula mueren más de 20 millones de ejemplares por esta práctica (5,6 millones en Italia… ¡¡¡OMG!!! ¿que les pasa a los italianos con las aves?)
  • El cambio climático: un estudio reciente sobre 570 especies de aves establece que un 24% de ellas se han visto negativamente afectadas por el cambio climático y sólo un 13% han salido beneficiadas (el resto ‘no sabe no contesta’, es decir, faltan datos concluyentes)
  • La sobrepesca: la desaparición de la principal fuente de alimentación de las aves marinas (los peces que tan ricamente nos comemos nosotros) se une a las prácticas pesqueras extensivas que matan colateralmente a miles de aves cada año

Nos dejamos en el tintero otras muchas causas (contaminación, presión urbanística, tráfico especies). Pero con las enumeradas ya podemos hacernos una idea de la magnitud del problema. Y recuerden, hablamos solo de las aves. Trasladen este escenario a mamíferos, reptiles, anfibios, peces, insectos, plantas. Su futuro, nuestro futuro, se oscurece por momentos.

 

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán
(Gustavo Adolfo Bécquer)

 

Si Bécquer hubiese sido británico (algo así como Gutav Becker) sus golondrinas habría sido vencejos. Si hubiera vivido ahora tal vez no tendría tan claro que los vencejos volvieran. Tal vez un día no lo hagan. Ese día un trozo más de nuestro mundo habrá muerto. Y una parte importante de la poesía también.

 

Referencia

BirdLife International, 2018. State of the Wolrd’s Birds. Teking the Pulse of the Planet. ISBN 978-1-912086-71-9, 41pp (2018)

 

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