La Tabla Periódica de los Reyes Godos

Ataúlfo, Sigérico, Walia, Teodorico I, Turismundo… Hidrógeno, Helio, Litio, Berilio, Boro… Uffff. ¿Les suena alguna de estas relaciones? A los que tengan una cierta edad seguro les trae recuerdos. Entrañables en algunos casos. Angustiantes en otros. Todo dependerá de qué área de conocimiento prefirieran (ya saben, el eterno dilema ciencias vs letras). Y también de su capacidad de memorización. Si eras de ‘ciencias’ tocaba aprenderse la Tabla Periódica de los elementos químicos. Si eras de ‘letras’ la lista completa de los Reyes Godos. Y fueras de lo que fueras te caían los afluentes del Ebro o del Duero. Cualquier tiempo pasado no fue mejor.

La Tabla Periódica, por si eres de letras

Llamamos elemento químico a un tipo de materia compuesta por átomos del mismo tipo y que no puede ser descompuesta en otra materia más simple a través de una reacción química. Todo nuestro Universo está compuesto de elementos químicos. Los hay de todo tipo: sólidos, gaseosos, líquidos. Muy populares (oxígeno o carbono) y otros de nombre impronunciable (darmstadtio o praseodimio). Algunos nos causan repulsión (azufre) mientras que otros desatan la codicia (oro). Algunos nos evocan a famosos científicos (rutherfordio) o a populares superhéroes (kriptón). Eso sí, todos ellos son singulares.

Y esa singularidad viene dada por sus propiedades. Cada uno de ellos tiene su número atómico, peso atómico, densidad, punto de fusión o punto de ebullición. Es algo así como el Documento de Identidad o Pasaporte que los distingue de todos los demás. Que sean únicos, sin embargo, no quiere decir que no se lleven bien entre ellos. Muchas veces estos elementos deciden mezclarse entre sí para crear otras sustancias. Quién no recuerda que si unimos dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno nos sale agua. Imaginen la infinidad de combinaciones que podemos lograr mezclando unos elementos con otros y en diferentes proporciones. Ahora mismo existen 118 elementos identificados. Podemos conseguir casi de todo. Nuestra vida cotidiana está llena de esos ‘resultados’: desde la tela del vestido de moda hasta la pasta de dientes. Por si no lo sabían a eso se dedican básicamente los químicos.

Mendeléyev da Vinci

Pero volvamos a la Tabla Periódica. Ya lo he contado en otras ocasiones. Somos humanos y tenemos la necesidad innata de clasificar y ordenar todo lo que nos rodea. Y los elementos no iban a ser menos. A lo largo de los siglos XVIII-XIX numerosos científicos intentaron buscar un modo de ordenar los poco más de 60 elementos que se conocían por entonces. Tras diversos intentos y propuestas la solución llegó en 1869 de la mano de un químico ruso. Dmitri Ivánovich Mendeléyev fue una especie de Leonardo da Vinci moderno. Trabajó en los campos de la química, la agricultura, la geología, la economía, la ganadería, la pedagogía, la aeronáutica. Y aún tuvo tiempo de ser profesor universitario, asesor del ministro de Hacienda ruso, escribir docenas de artículos de todo tipo y casarse dos veces. Hay que reconocer que en la historia hay gente que da para mucho.Pero la contribución que le ha hecho famoso fue la de ser el padre de la Tabla Periódica.

Mendeléyev fue el primero en crear una ordenación de los elementos en forma de Tabla basada en el número atómico (número de protones en el núcleo) de cada uno de ellos. La Tabla, y ese fue su gran aporte, no sólo era una ordenación secuencial de los elementos. Mostraba tendencias periódicas (de ahí su nombre) que permitían agrupar a los elementos en períodos, grupos y bloques. Algo así como familias de elementos con sus propias peculiaridades (ya saben, lo típico de las familias). Y por si fuera poco incluso permitía prever las características de elementos aún no descubiertos. Un hacha el Mendeléyev este.

 

 

Los Reyes Godos, por si eres de ciencias

El siglo V de nuestra era vio un cambio trascendental en la historia de Europa. Marcó el paso de la conocida como Edad Antigua a la Edad Media. Como en todo, buscamos un hecho puntual que nos permita marcar un hito diferencial. En este caso el hito es la llamada ‘caída del Imperio romano de Occidente‘, más o menos fijada en el año 476. De esta ‘caída’ se encargaron, más allá de la propia decadencia del Imperio, una serie de pueblos llegados del centro-norte de Europa y conocidos como godos (esos que en las pelis de romanos llaman ‘bárbaros’). Los godos entraron más o menos en tromba en tierras romanas y se hicieron con el control. Tampoco es que llegaran por gusto. Ellos a su vez se vieron desplazados por otros pueblos (los hunos) que, llegados desde Asia central, les forzaron a buscarse la vida en otras tierras.

En el marco de estos cambios los visigodos (una rama de los godos) llegaron a la Península Ibérica para quedarse. Y acabaron tomando el control político y administrativo de la antiguas provincias romanas peninsulares. Instauraron una suerte de monarquía electiva que perduró hasta la llegada de los musulmanes en el siglo VIII. El trono no era hereditario. El rey era escogido por los nobles y los líderes religiosos. Pero el carácter de estos pueblos de origen germánico (muy suyos) hizo que los asesinatos, las conspiraciones y las usurpaciones estuvieran a la orden del día. Y así los poco más de 30 reyes visigodos que reinaron entre los años 410 y 710 se convirtieron por arte de magia en la ‘maldita lista de los Reyes godos’. Y ojo que si había elementos con nombres complicados, algunos Reyes no les iban a la zaga (Gesaleico, Gundemaro o Sisenando).

 

El cerebro se inventó para salir de casa
y la memoria para volver a casa
(Jorge Wagensberg)

 

Cerebro vs memoria

Me encanta la sentencia. Salir de casa es lanzarse a la aventura. Es decidir, imaginar, relacionar, reflexionar, explorar, descubrir, arriesgar. Es pensar. Volver a casa es retornar a lo que controlamos. Es buscar una información que ya existe y repetirla, regresar a lo conocido. Es recordar. En un caso recurrimos a la inteligencia, en el otro a la memoria. Y nuestra educación, nuestros sistemas de aprendizaje son un reflejo de esta dicotomía. Aprender a pensar o aprender a recordar. Ojo, no pretendo aquí quitar valor a una cosa (que la tiene) en detrimento de la otra. Solo intento visualizar la diferencia entre usar y entrenar la inteligencia y usar y entrenar la memoria.

La capacidad de tomar decisiones (pensar la llamarán algunos) se basa siempre en el análisis de datos. Cuantos más datos más información y posiblemente más compleja la decisión. Decidir qué haremos el fin de semana. Comprar este modelo de televisión o el otro. Aplicar esta solución u otra a un problema técnico. Toda nuestra vida es análisis de datos y toma de decisiones. Hasta hace 100, 50, 25 años muchos de esos datos solo estaban en soportes físicos de difícil ‘portabilidad’: libros, bibliotecas, museos, almacenes. Hoy toda esa información la llevamos en la palma de la mano. Una simple secuencia de comandos en un teclado nos permite acceder casi a cualquier dato que necesitemos. Nuestros teléfonos móviles, tabletas o portátiles lo saben todo sobre datos. Tienen acceso a casi todo lo imaginable. Han pasado a convertirse en una parte imprescindible de nuestra ‘memoria’ como especie.

Aprender a pensar (que bonito suena)

La tecnología nos ha liberado, pues, en gran medida de la tediosa necesidad de memorizar datos absurdos. No es que sean absurdos en sí mismos (ni la Tabla Periódica ni los Reyes Godos lo son), sino que es absurdo memorizarlos. ¿De qué me sirve gastar megas de mi memoria almacenando todos los elementos químicos y sus características? Para eso ya tengo un aparatito que lo hace mejor y más rápido. No digo que entrenar la memoria no sea útil y necesario, pero hagámoslo con criterio. Usemos la memoria como un elemento clave en nuestra capacidad de pensar. Dotémosla de valor. No la releguemos a un simple espacio de almacenamiento físico donde meter cajas y cajas de información innecesaria.

Yo confieso. Me sabía de memoria la lista de los Reyes Godos. Y todos los afluentes de los ríos peninsulares. Y me valoraron en su día por mi capacidad de recordar esos datos sin error. No recuerdo que me enseñaran qué hicieron o dejaron de hacer esos reyes por la cultura. O por qué los afluentes de tal o cual río afectaban al conjunto de la cuenca hidrográfica del mismo. Lo importante era conocer el dato, no su utilidad. Por suerte nuestros modelos de aprendizaje han cambiado mucho con los tiempos. Pero sigo viendo sesgos en muchos ámbitos que ya no encajan con el mundo en que nos toca vivir.

Y cuando hablo de cultura del aprendizaje no me limito solo al ‘aprendizaje académico’. Hablo del aprendizaje social, del aprendizaje cultural, del aprendizaje empresarial. Seguimos educando en contenidos que hoy día ya no aplican a nuestra sociedad. Seguimos midiendo a las personas por ratios que no aplican a nuestro mundo. La tecnología puede ser en ocasiones un peligro (su mal uso obviamente). Pero si la usamos bien puede abrirnos las puertas a enormes posibilidades. Y hablo como seres humanos, como entes biológicos y sociales. Sepamos aprovechar esta oportunidad.

 

 

Epílogo. La lista de los Reyes Godos 2.0

Si han llegado hasta aquí (cosa que les agradezco enormemente) lamento decirles que, pese a todo, aún queda camino por andar. Los Reyes Godos son más persistentes de lo que muchos de ustedes podían creer. ¿Cómo? ¿Aún hay que aprenderse su Lista? ¿Han renacido de sus tumbas cual zombies de serie televisiva? No. Simplemente se han adaptado a los tiempos (darwinismo digital podría llamarse). Señoras y señores la Lista de los Reyes Godos es ahora una lista 2.0. Se llama la Maldita Lista de Passwords de todas las aplicaciones y servicios de las que soy usuario. Empiecen a recitarla: verán como hay más que Reyes Godos y con nombres más complicados (y encima ellos no tenían que mezclar mayúsculas con minúsculas, con números y signos raros, y cambiarse el nombre cada tres meses). Triste vida digital.

 

Addenda

Como en otras ocasiones un par de interesantes recursos al hilo de este post

Ptable es una maravillosa Tabla Periódica Dinámica donde trastear, mediante diferentes pestañas, sobre todo lo que queramos saber acerca de los elementos químicos, su clasificación y sus características.

Y si eres más de letras y no te molan los Reyes Godos, pues World Population History es un curradísimo mapa interactivo que recorre la historia de la humanidad y aporta montones de datos y enlaces al respecto.

 

 

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